Blanco y Negro

Color

Dibujo




Por una "nueva propuesta" estética

Nacido en Madrid en 1970, Lorenzo Fernández pertenece a una nueva generación de artistas hiperrealistas para los que la percepción del mundo ha estado profundamente marcada por la imagen. Los hombres de sociedades contemporaneas evolucionan, la mayoría de las veces sin percatarse, en un universo donde la imagen se impone a cada individuo y a cada grupo social a través de los omnipresentes medios de comunicación, entre los cuales Internet constituye el desarrollo más reciente. Actualmente la imagen puede ser fijada, numerada, desmaterializada, transmitida y destruida en un lugar para inmediatamente ser hallada en otra parte, difundida, copiada, reproducida y multiplicada hasta el infinito. Las consecuencias de este fenómeno son la excesiva banalización que se hace a veces de la imagen realista y la pérdida del carácter sagrado que le confería antaño una unicidad completa. La obra de Lorenzo Fernández se inscribe deliberadamente en este debate y propone la definición de valores estéticos nuevos para el siglo XXI.

En sus cuadros, la reproducción de la materia y de las texturas, de los juegos de luz y sombra, del brillo de los reflejos o el realismo de los colores, es tan certera que el ojo, incluido el más experto, inevitablemente se sorprende por la extraordinaria maestría técnica del artista.

Fernández pinta sobre tabla, con óleo y acrílico (...) y el tema central de su obra es la Naturaleza Muerta. Definitivamente contemporánea, sabiamente compuesta por elementos de materia diversa que son portadores de símbolos a veces opuestos.

Tan pronto aparecen objetos cotidianos, destinados al gran consumo: dados, latas deformadas, cachivaches llamativos, juguetes de niños con o sin alma, jeroglíficos diversos y variados... como surgen pequeños objetos industriales: transformadores eléctricos obsoletos, esferas de agujas con el cristal roto y cubiertas de polvo, juntas de tuberías... Estos objetos banales se oponen a elementos nobles como bulbos carnosos de rosa, pétalos de flores de almendro con delicadas nervaduras... Asimismo destacan algunos objetos de carácter religioso tales como rosarios, estatuillas de Buda o figuritas de algún santo cristiano. Por último las naturalezas muertas de Lorenzo Fernández muestran reproducciones de imágenes: fotografías en blanco y negro, posters, reproducciones de pinturas o dibujos elevados al rango de iconos modernos. Entre ellos se reconocen revueltas, mezcladas obras de Diego Velázquez, John Singer Sargent, Man Ray, Andy Warhol...

La relación de objetos tan diferentes entre si corresponde a un proceso narrativo complejo. Este hecho confiere a la obra un discurso ora moral, ora espiritual, jamás carente de un manifiesto toque de humor. Al igual que las obras de los maestros del Renacimiento, cada cuadro está concebido para ser descodificado por el espectador. A costa de una observación atenta y de ejercicios intelectuales familiares a los historiadores del arte y a los amantes de la pintura, cada cuadro adquiere un significado nuevo. Más allá de la superficie se revela una hondura verdaderamente sorprendente para nuestro tiempo. El espectador comenzará a comprender, no sin cierto vértigo, la verdadera genialidad del artista. Se ofrece así una nueva visión: todo un universo, oculto hasta ese momento, surge del lienzo. (...)

                                                                                                                       Mathieu Petitjean

© Lorenzo Fernández